Número 12 Abril 2011

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Identificar el Estrés Infantil

No solo los altos ejecutivos con una agenda a rebosar sufren estrés. Este mal afecta también a los niños, para quien se torna aun más grave ya que no saben cómo afrontarlo. Los exámenes, una agenda escolar llena de actividades o un exceso de actividades extraescolares pueden provocar un exceso de ansiedad en los niños. El estrés es la respuesta a cualquier situación o factor que crea un cambio emocional o físico.

Madrid | Abril 2011 | Ángel Peralbo | Psicólogo. Centro de Psicología Álava-Reyes

En lo que concierne al estrés en adultos, muchas veces nos cuesta identificarlo, ya que los síntomas se van fraguando poco a poco y los efectos son acumulativos, pudiendo llegar a aparecer molestias psicosomáticas de difícil diagnóstico, que a menudo nos confunden, y entramos así, en una larga peregrinación de visitas a médicos, intentando buscar unas causas que en muchos casos no acaban de encontrarse. Es entonces cuando intervenimos los psicólogos e identificamos, por un lado, los estresores, es decir, los estímulos externos e internos que provocan el proceso de estrés, y, por otro, las respuestas propias de este tipo de trastornos que cada persona manifiesta de una u otra forma. En el caso de los niños hay que añadir que, frecuentemente, se producen cambios en sus patrones de comportamiento; cambios que resultan observables por los adultos.

Estrés infantilSi tenemos en cuenta que, en nuestra sociedad, son cada vez más las personas que padecen estrés y que manifiestan respuestas de ansiedad y dolencias psicosomáticas, no debemos esperar que sea menor el porcentaje de niños que comiencen a sufrirlo. En este aspecto, cada vez más, observamos que las familias solicitan ayuda psicológica para sus hijos a edades más tempranas, y que no solamente corresponden a problemas de estrés los casos en los que estrictamente los niños manifiestan claras respuestas de ansiedad, sino que también pertenecen a ese cuadro muchos de los que vienen por otro tipo de problemas, como dificultades en la conducta o en su aprendizaje: problemas del habla, de enuresis... Esto nos indica que, cuando están estresados, los niños cambian determinadas conductas, y que éstas deben ser observadas teniendo en cuenta que nos pueden indicar otro tipo de problemática que está afectando el niño. Recordemos que no debemos quedarnos en los síntomas, es necesario profundizar para detectar las posibles causas.

Un segundo aspecto importante es saber que en un porcentaje altísimo de los casos que tratamos, exactamente en el 79,1% en niños de hasta doce años, fue suficiente el trabajo que realizamos con los padres para reconducir las situaciones que presentaban sus hijos. No fue necesario ver a los niños.

¿Qué significado puede tener esto? Que las claves del estrés con los niños tienen un componente externo considerable y que conviene buscar en su entorno más cercano, especialmente con los padres, las variables que puedan desencadenarlo, así como los recursos que nos pueden ayudar a conseguir la mejoría y solución de cada caso. No olvidemos que los niños aprenden sobre todo por modelo. Si llevan tiempo viendo que las personas que más les pueden infundir seguridad, como son sus padres, están constantemente nerviosos, con prisas, con ansiedad…, sin duda, esa observación les supondrá una fuente de estrés importante.

Fuentes de estrés

Un primer aspecto a tener en cuenta es la creciente y precoz participación de los niños en actividades de todo tipo: deportivas, de entretenimiento, de formación complementaria... En muchas ocasiones, los niños carecen de tiempo libre, para jugar espontáneamente o, sencillamente, para potenciar su creatividad y conseguir la tranquilidad interior que necesitan. Igualmente, en el contexto académico vemos muchos niños que no son capaces, por diferentes motivos, de seguir con normalidad el nivel de exigencia escolar, y esto, sin duda, también puede ser una importante fuente de estrés para ellos.

estrésUn segundo aspecto presente en las causas del estrés de los niños está relacionado con el aprendizaje de sus hábitos básicos: aprender a comer, a hacer determinadas tareas, a vestirse, a ser ordenados… Muchas veces los realizan de forma poco regular o con excesivas prisas. En este aspecto no tenemos en cuenta que los tiempos que necesitan los más pequeños difieren mucho del tiempo que requieren los adultos.

Un tercer aspecto, muy significativo en la última década, es la distracción e influencia que provocan en el niño las herramientas ligadas a la tecnología y a la comunicación, como el teléfono móvil, internet, redes sociales, o a los juegos, tan estimulantes, de las consolas o del ordenador. Estos juegos captan con mucha facilidad su atención y, con frecuencia, los niños están pensando en ellos un porcentaje altísimo de su tiempo,  incluso aunque no los usen.

Otro aspecto importante es el efecto contraproducente que ocasionamos en los niños cuando emitimos comentarios negativos sobre algo que no han hecho bien o cuando no han respondido como hubiéramos deseado. Estos comentarios, lejos de ayudarles, les provocan frustración y generan una autoestima baja.

¿Cómo superar el estrés?

Es importante que observemos atentamente cómo se desenvuelven los niños ante las diferentes exigencias del entorno. Por ejemplo, si aprenden a generar buenos hábitos, si lo hacen alegres y contentos, o, por el contrario, se quejan, se niegan o actúan con desgana. En estas situaciones, al menos en principio, conviene no presionarles. Es mejor que intentemos identificar las causas y les facilitemos el marco adecuado para que poco a poco consigan el desarrollo esperado.

Conviene motivarles constantemente para que aborden los diferentes aprendizajes con la seguridad de que lo pueden conseguir. Debemos adecuar el nivel de exigencia de manera que puedan ir consiguiendo los objetivos progresivamente, sin que tengan la sensación de que les resulta imposible lograrlo.

Tendremos mucha paciencia con ellos, con sus avances y sus retrocesos, y les transmitiremos serenidad, seguridad, cercanía y firmeza.  Intentaremos que perciban a la familia como el lugar donde pueden apoyarse para evolucionar, para seguir aprendiendo y para enfrentarse a las exigencias con seguridad y dentro de un clima lo más positivo posible, y  no como un entorno hostil.