Número 10 Diciembre 2010

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Ayuda a tu hijo a dormir bien

El sueño influye en el crecimiento de nuestros hijos debido a que la producción máxima de hormona de crecimiento se produce por la noche, poco después del inicio de sueño más profundo. Por ello y por un buen funcionamiento familiar es conveniente establecer buenos hábitos de sueño en los niños.

Madrid | Diciembre 2010 | Venancio Martínez Suárez. Presidente de la Asociación Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria (SEPEAP)


bebé durmiendoLos  problemas del sueño en nuestros hijos provocan importantes alteraciones en el funcionamiento familiar y en la actividad diaria del niño. Todos los días observamos como un niño que no duerme bien está más irritable e inquieto, llegando a presentar en edades posteriores alteraciones escolares y sociales. El déficit de sueño afecta a la memoria, el aprendizaje y la atención, necesitando más tiempo para responder a estímulos, dificultando la coordinación motora,  la marcha y las actividades manuales tanto en niños como en adultos. Los padres de niños con problemas del sueño pueden manifestar hipersomnolencia diurna, sensación continua de fatiga y fallos de memoria, que interfieren en su vida social y laboral.

La importancia del sueño viene dada por su influencia tanto en el crecimiento como en el aprendizaje del niño. Así mismo la consolidación de todo lo aprendido es una de las principales funciones del sueño.

El total de horas de sueño y su distribución a lo largo del día varía según la edad. Es conveniente conocer los patrones de sueño más frecuentes en cada periodo de desarrollo y así  ayudar en el establecimiento de un buen hábito de sueño:

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El recién nacido puede dormir de 16 a 20 horas con una distribución similar durante el día y la noche. La mayoría de los despertares serán para alimentarse.

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La diferenciación entre el día y la noche se logra entre las 6 semanas y los 3 meses.

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Entre los 5-6 meses el lactante puede conseguir una pauta regular de sueño, tras establecerse un ritmo diurno y nocturno estable.

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A lo largo del primer año de vida los periodos de sueño nocturno aumentan hasta alcanzar 6-8 horas entre los 4 y los 6 meses, manteniendo dos siestas diurnas de duración variable según el temperamento y entorno del niño. Estos periodos de siestas diurnas disminuirán hasta casi desaparecer alrededor de los 3 años, pudiendo aparecer algún periodo de adormecimiento durante el día, unificando las horas dedicadas al sueño en único periodo nocturno de 10-11 horas en niños de 5-6 años.

Los despertares a lo largo del sueño nocturno son normales y su frecuencia varía con la edad. Por lo tanto, el objetivo no es evitar los despertares naturales, sino enseñar al niño a iniciar nuevamente el sueño. Que estos despertares se prolonguen o que el niño necesite comenzar nuevamente el sueño en otro espacio físico, al lado o en brazos del padre o madre, o con un estímulo luminoso continuo depende de cómo haya aprendido a dormir. Enseñar a dormir a un niño puede compararse con evitar que aprenda a dormir de forma incorrecta.

Podemos ayudar al lactante en el establecimiento del ritmo diurno y nocturno mediante la regulación de los estímulos externos, que el niño relaciona con el hábito del sueño. La exposición a estímulos adecuados permite iniciar y mantener el sueño a lo largo de la noche. Estos estímulos ayudan a crear un ambiente tranquilo, rutinario, donde el niño anticipa las acciones próximas y esto le permite una mayor aceptación. La sobreestimulación, sin ninguna pauta coordinada, puede provocar ansiedad, muy contraproducente para el desarrollo de un hábito de sueño adecuado. Los padres influyen en la adquisición tanto de éste como de otros muchos hábitos que serán vitales para el desarrollo del niño. La facilidad de un niño para iniciar y mantener el sueño está influida por diferentes factores, algunos de ellos modificables por sus cuidadores, como la exposición luminosa que recibe, la hora a la que se despierta, los horarios de alimentación, la actividad física realizada así como del estímulo social recibido antes de iniciar el sueño.

Consejos para  facilitar el inicio y mantenimiento del sueño:

Establecer un horario: Acostarlo casi siempre a la misma hora favorecerá que su ritmo interno le ayude a conciliar el sueño. También debemos mantener un horario regular a la hora de despertar al niño. Los cambios en este horario se harán progresivamente, con intervalos de 10-15 minutos. Las siestas no deben tener una duración superior a 2 horas, ya que pueden influir negativamente en el periodo de sueño nocturno. 

Un entorno adecuadoEntorno adecuado: Cada habitación de nuestro hogar debe tener una finalidad, y los niños aprenden qué han de hacer en cada espacio de la casa. Intentemos que inicie el sueño en aquella estancia dedicada a dormir, el dormitorio. Éste debe estar bien ventilado, con una temperatura adecuada de 18-22 ºC. Tan perjudicial es el frío como el calor excesivo, por lo que tendremos que buscar la vestimenta y ropa de cuna o cama que más se adapte al temperamento del niño. La luz es uno de los principales estímulos para organizar las actividades correspondientes al día y la noche. Nuestras casas deben estar bien iluminadas por el día, garantizando iluminación natural principalmente por la mañana, para posteriormente, disminuir en la tarde y utilizar una iluminación tenue previa a la oscuridad de la noche. Los ruidos habituales de un hogar han de mantenerse durante el día y crear un ambiente más relajado y silencioso durante la noche.

Alimentación: El número de tomas en los lactantes y el horario establecido para las comidas influirá en el inicio y mantenimiento del sueño. El establecimiento de un horario regular para la alimentación facilitará el patrón estable del sueño en todas las edades. Los lactantes alimentados con leche materna suelen tomar más frecuentemente y por ello sus despertares para tomar por la noche son más habituales. Las tomas nocturnas pueden ser más breves, evitando la estimulación luminosa y auditiva excesiva. La alimentación y la atención prolongada durante la noche favorecen despertares nocturnos prolongados en el tiempo. Tanto la sobrealimentación como el hambre impeden que el niño tenga un sueño adecuado.

Rutina de inicio de sueño: Hacemos mejor aquello para lo que estamos preparados, y el sueño no es una excepción. El niño dormirá mejor si mantenemos estables las rutinas previas a dormirse. Es conveniente una sucesión de actos que finalicen dejándolo en la cuna o en la cama para iniciar el sueño. La separación del padre o madre puede ser dolorosa, pero el día a día hace que el niño se de cuenta que al igual que en otras situaciones los padres siguen con él. Debemos conseguir que el niño relacione el dormitorio con el sueño. Algunos objetos como un muñeco, un dispositivo de luz tenue, una mantita, pueden ayudarle en este aprendizaje. Los objetos relacionados con el sueño deben desplazarse fácilmente para poder llevarlos durante viajes o dejarlos en casas de familiares. Si el niño inicia el sueño cogido a la mano del padre, cuando se despierte entre dos ciclos naturales de sueño, requerirá esa mano para iniciar nuevamente el sueño. De los padres depende dejar esa mano siempre al lado del niño.

Al igual que los adultos no dormimos igual de bien todos los días, nuestros hijos pueden dormir bien casi todos los días pero esto no quiere decir que siempre lo hagan, por ello, en el sueño, al igual que en otras muchas situaciones diarias de la vida, lo mejor es firmeza, con mucho cariño y todavía más paciencia.