Número 09 Octubre 2010

Imprimir E-mail
Miedos en la infancia

En las situaciones de miedos en los niños, los padres deben tener claro que su ayuda es de fundamental importancia en la superación de tales sentimientos. Los miedos, normalmente, no constituyen un grave problema. Lo importante es identificar de qué tiene miedo y a partir de ahí posicionarse a su lado ayudando al niño a superarlo y afrontarlo.

Madrid | Octubre 2010 | Belén Aguirrezabalaga López  | Pediatra


El Miedo

El miedo se define como una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario. Por tanto, debemos considerarlo como una reacción normal del ser humano. Hasta cierto punto, el miedo es deseable, porque un niño desprovisto de temores está más predispuesto a sufrir accidentes. Es un mecanismo natural de defensa entre los niños normales. Hay miedos universales presentes en el desarrollo normal de todo niño, pero que, al igual que aparecen, también desaparecen espontáneamente, a medida que el niño va adquiriendo experiencia respecto a ellas. De forma general, se puede señalar que:

b

En los primeros meses de vida, el bebé siente miedo ante los ruidos fuertes e inesperados

b

Alrededor de los 6 meses, siente miedo ante los movimientos repentinos

b

Hacia los 8 meses, miedo a las personas y situaciones extrañas

b

En estos primeros meses, sólo la presencia de la madre calmará la angustia

b

Hacia los 4 años, miedo a la oscuridad, a estar solo, a seres imaginarios, elementos de la naturaleza (truenos,...)

b

Hacia los 8 años, miedos más existenciales (a la muerte,...)

Los padres podemos y debemos ayudarles. Por un lado, podemos prevenir la aparición de ciertos miedos, con estos consejos:

b

Utilizar una educación positiva, intentando evitar amenazas y castigos constantes, y sobre todo no usar el castigo físico

b

Evitar asustar al niño, aunque sea de broma (sobre todo no asustar con la oscuridad)

b

Vigilar siempre lo que ve en la televisión: no toda la programación infantil es “ inocente”

b

Si el niño llora por la noche, calmarle primero a oscuras, para que no asocie miedo con oscuridad

b

Enseñarle a solucionar las pequeñas dificultades de la vida diaria por sí mismo (no darle todo hecho, no evitar todas las frustraciones)

b

Reforzar cualquier comportamiento de valentía por pequeño que sea

b

No usar el miedo para controlarle ("si no obedeces viene el coco...")

b

Ser modelo de actuación: controlar nuestros miedos delante de ellos

Debemos recordar que los niños necesitan seguridad, protección y tranquilidad. Pero educarles en la sobreprotección tampoco es la solución, porque por sí misma causa inseguridad en los niños.

¿Y cómo podemos ayudarles a superar sus miedos cuando aparecen?

b

Su miedo es real y debe respetarse, nunca reírse ni ridiculizar su temor

b

No se debe ignorar

b

No se debe forzar a pasar la situación temida de una manera brusca, deja que se acostumbre poco a poco al objeto temido o a la situación

b

No se les debe mentir acerca de sus miedos, hay que ayudarles a superarlos con sinceridad, sino se sentirá engañado

b

El objetivo final no es hacerlo “desaparecer” del todo, sino ayudar al niño a afrontarlo y superarlo

b

No se les debe transmitir nuestros propios temores, enséñale a enfrentarlos

¿Y cuándo debemos preocuparnos por los miedos de nuestros hijos?

Por un lado, según la edad del niño ya hemos visto qué temores son los esperables a cada edad, y sabemos que suelen ser pasajeros. La manera más útil de diferenciar si es un miedo “simple” es el grado en el que el miedo interfiere en las actividades diarias del niño. Si el niño se está desarrollando normalmente en todos los restantes aspectos, lo más probable es que su conducta sea de un miedo simple. Si el miedo interfiere en actividades importantes, puede haber progresado y requiere atención médica especializada.