Número 09 Octubre 2010

He estudiado muchas cosas y escrito de muchos temas. Me considero un científico de vanguardia y me interesa tanto la pedagogía,  porque debería ser la vanguardia de la ciencia. Las demás ciencias deben trabajar para nosotros, los educadores, porque somos los encargados de transmitir sus logros a las nuevas generaciones, y prepararlas para mejorar el mundo. Somos los cuidadores del futuro.


La UP – sus programas, su banco bibliográfico, su Biblioteca UP, esta revista-  aspira a ser la punta de lanza de esa pedagogía avanzada. Aspiramos a que nuestros programas lleguen a estudiarse en las Facultades de Pedagogía (de la misma manera que la organización de Zara se estudia en las Escuelas Empresariales de todo el mundo). Tal como la entendemos, la nueva frontera educativa nos propone dos objetivos. El primero, aprovechar todos los descubrimientos que está haciendo la neurociencia. Necesitamos conocer cómo funciona el cerebro de nuestros niños para elaborar programas educativos, de la misma manera que necesitamos conocer su sistema digestivo para elaborar programas dietéticos. No podemos seguir tocando de oído.

 

El segundo, aprovechar los descubrimientos que está haciendo la “ciencia de la inteligencia compartida”, línea de investigación en la que estamos siendo protagonistas. Inteligencia compartida es la que emerge de la interacción entre las personas. Surge o no en las parejas, en las familias, en las empresas, en las sociedades. Produce fenómenos ascendentes o descendentes, nos ennoblece o nos encanalla, por eso nos conviene vivir en una sociedad inteligente, porque eso aumentará nuestras posibilidades vitales.

Necesitamos constituir “familias inteligentes”, es decir, organizadas de tal manera que ayuden a que todos sus miembros estén en buenas condiciones de conseguir sus objetivos vitales. Necesitamos que nuestros niños estudien en “centros educativos inteligentes”, y que podamos vivir en “ciudades con talento”. La “inteligencia compartida” amplía las posibilidades de realización, progreso y felicidad para todos, y todos debemos ayudar a formarla. En definitiva, aprovechar lo que nos dicen las ciencias del cerebro, para mejorar el desarrollo de nuestros niños, y aprender a mejorar la inteligencia compartida, para vivir en entornos más estimulantes, animosos y justos, son los objetivos de la nueva frontera educativa. Queremos estar en primera línea.