Número 08 Julio - Agosto 2010

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Educación Sexual en la Adolescencia

La sexualidad se encuentra presente durante toda la existencia humana pero en la adolescencia se vive y manifiesta de manera un poco diferente a como se expresa en otras etapas de la vida. En este período surgen sensaciones e impulsos de tipo sexual que se encuentran relacionados con los cambios biológicos a los que se enfrentan los adolescentes.

Granada | Julio 2010 | Pedro Lucas Bustos (Psicólogo y Sexólogo Clínico)


Educacion sexualLlega el verano, una estación en la que especialmente los adolescentes, adoptan actitudes más abiertas a las relaciones amorosas. Una etapa vacacional de mayor preocupación e inseguridad para los padres, ¿por qué? ¿Puede una educación sexual adecuada prevenir y orientar a nuestros hijos frente a posibles riesgos y errores emocionales?

Popularmente se habla de la adolescencia como la etapa del “despertar de la sexualidad”, pero somos personas sexuadas desde el nacimiento hasta la muerte, y tenemos diferentes maneras de vivirla y de expresarla según cada etapa. La razón por la que se observa un cambio brusco, aparte del factor hormonal y del contexto sociocultural, es el inicio por el adolescente de la búsqueda de figuras de apego fuera del nexo familiar, “rompiendo” en parte los apegos de dentro (es la llamada “rebeldía”). El adolescente necesita fisiológicamente buscar otros afectos, y es aquí, donde se abre el debate ético de “cómo debo actuar como padre o madre ante ciertas situaciones, ahora nuevas para mí”, debido a que “los tiempos han cambiado”. Pero los estilos de apego, la manera de relacionarse y de respetar a los demás, así como de saber dar y recibir afecto, de vivir una sexualidad responsable y saludable, se empieza a adquirir en la infancia. Es por lo que una buena educación sexual es importante no sólo en la adolescencia sino mucho antes, entendiendo la educación sexual como una educación en valores saludables y justos para ambos sexos.

La sexualidad en la adolescencia es una realidad que sobre todo preocupa a padres con hijos en estas edades. Las preocupaciones de estos padres están motivadas  por la inseguridad que genera el creer que sus hijos no están preparados para gestionar su vida sexual. ¿Realmente están preparados? ¿Estamos preparados como padres para prepararlos? ¿Se dejarían ellos preparar por sus propios padres?

Para contestar a estas preguntas, tenemos que admitir la gran influencia del cine, de la TV, de la publicidad, de internet, de la pornografía y del grupo de iguales;  en la transmisión de una educación sexual reduccionista, coitocentrista, genitalizadora, heterosexualizada, gimnástica, frívola y cruel; instaurando “modelos estéticos corporales” a perseguir, difícilmente alcanzables por la mayoría; transmitiendo unos delimitados roles sexuales; acelerando los procesos naturales de sexuación y, también, contribuyendo a aumentar el número de mitos sexuales (falsas creencias acerca de la sexualidad), que atentan en la mayoría de las ocasiones contra la salud sexual.

Si a todo esto, le sumamos la evitación de educar sexualmente a nuestros hijos en etapas prepúberes, el resultado evidentemente es un adolescente poco preparado para afrontar una vida sexual responsable consigo mismo y con el otro. Además, si no ha existido una comunicación fluida y eficaz en materia sexual en etapas infantiles, es de esperar que no confíen en sus padres para resolver sus dudas o para orientarlos en sus vacilaciones y será muy complicado convertirse en sus “consejeros”. Si se empieza a hablar de modo natural de sexualidad con los hijos de forma progresiva y adecuada, se encontrarán menos resistencias a tratar estos temas cuando lleguen a la adolescencia.

Pero para ser un buen “consejero”, además de lo anterior, es requisito imprescindible saber aconsejar con eficiencia. Para ello, es necesario tener unas mínimas nociones sobre el hecho sexual humano, evitando así que el diálogo se convierta en sermón. Por tanto, sería lógico plantear también una educación sexual para padres, con el objetivo de adquirir competencias que permitan abordar esta temática con conocimientos, naturalidad y seguridad. Pero ¿cómo educar sexualmente?

sexualidad positivaExisten muchos modelos y formas de realizar educación sexual,  pero un modelo ideal debería dar una visión positiva de la sexualidad. Por ejemplo, un modelo moralizador (educación tradicional) o un modelo preventivista (orientado exclusivamente a la prevención de riesgos de embarazos prematuros o enfermedades de transmisión sexual), implican prohibición, miedo y peligro frente a la relación sexual. No es que no sean adecuados en su conjunto, pero sí bastante incompletos y reduccionistas.

Algo sí es cierto: la prohibición no es la clave, pues el adolescente ya se las ingeniaría para saltarse una prohibición no asimilada racionalmente, de hecho el transgredir las reglas es típico de esta etapa. Por tanto, el papel de la educación sexual de los padres hacia sus hijos adolescentes sería: educar en valores, formar en conceptos básicos (sexualidad, identidad sexual, orientación sexual, relación sexual, amor, respeto, responsabilidad, etc…), responder a preguntas y dudas, desmitificar falsas creencias, educar su sensibilidad, fomentar el autoconocimiento y autoerotismo corporal, no sólo genital, enseñarlos a ser asertivos (por ejemplo a saber decir no, si no quieren), y a ser respetuoso con el otro como persona (independientemente de su orientación sexual, identidad, discapacidad, raza o religión), evitar una educación sexista (diferente para niñas que para niños) y permitirles tener su propia intimidad (espacio y tiempos privados). En definitiva, ser sus aliados, no sus enemigos.

La educación sexual de los hijos sigue siendo una asignatura pendiente y de especial importancia, para poder confiar y tener más seguridad en ellos, y en su libre y responsable toma de decisiones como adolescente sobre su vida sexual. La clave es proporcionar las herramientas educativas necesarias a los hijos para adaptarse, sin demasiadas dificultades y sin demasiadas preocupaciones por parte de los padres, a estas nuevas formas de planteamiento vital existentes en las sociedades actuales, dentro de un marco ético.