Número 15 Noviembre 2011

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La Motivación en la Educación: Más Allá de las Palabras



"Quizás aún estemos a tiempo de generar el cambio que tanto buscaba Ortega en la educación... Tenemos que facilitar que el estudiante aprenda generando los contextos para la acción en su aprendizaje, con técnicas activas de participación y estimulación de la relación de conceptos y conocimientos en general."

Valencia | Noviembre 2011 | Roberto Luna-Arocas. Catedrático de Universidad. Profesor Titular del Dpto. de Dirección de Empresas, Facultad de Economía. Universidad de Valencia. Doctor en Psicología Social. Licenciado en Psicología.


Por motivación solemos entender aquello que nos promueve una acción, un movimiento. En este sentido, en el contexto educativo hemos tendido a buscar de modo obsesivo todo aquello que motive al estudiante hacia su desarrollo intelectual. Sin embargo, la motivación se ha convertido en una palabra mal entendida y confusa en la medida que es ya casi “un cajón de sastre” de diferentes acciones normalmente “externas” para provocar que el estudiante profundice en los contenidos anualmente evaluables. Pero con el devenir de la educación, se ha convertido en un sistema poco motivador. Más bien es un sistema de control del aprendizaje de contenidos estancos que muy pocas veces tienen que ver con las necesidades reales de crecimiento personal e intelectual de los estudiantes. De hecho, tiene más que ver con los políticos y profesores, pero muy pocas veces con los alumnos. Ya en 1930 Ortega decía que la actividad docente ha de partir no del saber ni del maestro, sino del aprendiz, del estudiante, “la universidad tiene que ser la proyección institucional del estudiante”. En este sentido, la innovación de Rousseau y sucesores fue precisamente trasladar el epicentro de la educación al estudiante, más allá de este saber y del profesor. Sin embargo, la educación actual sigue más centrada que nunca en el saber y en los dictados del profesor. ¿Acaso no hemos cambiado nada en el último siglo al respecto?

Cuando hablamos de motivación del estudiante, situamos la acción de aprender en él, y por lo tanto deberemos generar los contextos para la acción del estudiante en su aprendizaje. Sin embargo, esto nada tiene que ver con la educación actual centrada en contenidos y con muy bajo espíritu crítico. Estamos formando pequeños "ordenadores" cargados de memoria que después o no saben relacionarla o la pierden con el tiempo. Y nuestro interés es la evaluación a corto plazo de estos contenidos.

Todo esto dista mucho de lo que decía Einstein que “el arte supremo del maestro es despertar el placer de la expresión creativa y el conocimiento”. Si fomentamos el contexto del aprendizaje conseguiremos que el estudiante pueda moverse (motivación) hacia su aprendizaje, relacionando y comprendiendo los diferentes conceptos desde su propio esquema personal. Por eso, la enseñanza debería provocar una mayor “acción” en el estudiante y no una recepción pasiva de contenidos. A este respecto se podrían aportar muchos elementos desde la pedagogía del "aprender haciendo" u otro tipo de aprendizajes vivenciales y experienciales.

Si tenemos que facilitar que el estudiante aprenda en vez que el profesor enseñe, deberemos darle la vuelta a la educación en muchos sentidos. Veamos aquí cuatro puntos fundamentales de este cambio. Primero, el papel del profesor como figura principal del espacio docente debería dirigirse hacia el estudiante. Segundo, la instrucción es antipedagógica en el sentido que ésta obedece a un esquema del docente más que al del estudiante. Tercero, el que tiene que trabajar en el aula para su aprendizaje es el alumno que debe esforzarse por aprender una vez generado el interés por el tema o contenido del docente. Cuarto, cada alumno tiene un esquema de pensamiento y madurez emocional, por eso deberemos facilitar los diferentes tipos de aprendizaje más que establecer dogmáticamente un único tipo de enseñanza.

Recientemente ha surgido una nueva disciplina más práctica que teórica denominada coaching educativo. El coaching educativo parte de la premisa de iniciar el aprendizaje desde el esquema mental del alumno. Nada mejor que un caso o experiencia personal de cómo utilizo el coaching educativo en la universidad.  En mi docencia universitaria puedo comentar como ejemplo una sesión de inicio de asignatura donde iba a explicar la gestión del talento en las organizaciones. En el aula tenía treinta alumnos que esperaban que les enseñara de modo pasivo porque ha sido el único procedimiento que han recibido en los cinco años de carrera (ahora cuatro por los grados). Sin embargo, me senté en una mesa de estudiante y les hice a los treinta que fueran a la pizarra. Les pedí que plasmaran con palabras o expresiones lo que entendían por gestión del talento. Al principio me miraron como un “bicho raro”, sin embargo, poco a poco se dieron cuenta que les pedía participación. Se dirigieron unos primero, y el resto después, a la pizarra y tímidamente comenzaron a escribir. Entre todos llenaron la pizarra. Después les pedí que categorizaran el contenido expresado en la pizarra y lo relacionaran por equipos.  El trabajo en equipo motiva de por sí, y a eso se le añade el trabajo activo intelectual relacional que se les pidió. De este modo reducimos todas las expresiones a unas cuantas categorías que indicaban en cierto modo los mapas mentales de los estudiantes con que acceden al tema en cuestión. Posteriormente los equipos debatieron entre ellos sus diferentes resultados intentando buscar un consenso de clase. El debate fue complejo y el estudiante participó con intensidad. Cada grupo defendía sus interpretaciones y al final conseguimos llegar a un esquema general compartido por todos. Esto nos marcó el comienzo de un aprendizaje activo y participativo que el estudiante ahora disfruta en todas las sesiones. El profesor por lo tanto se convierte en un facilitador del aprendizaje con técnicas activas de participación y estimulación de la relación de conceptos y conocimientos en general.

Los principios del coaching educativo parten de que el aprendizaje es individual a través de estímulos contextuales donde el alumno aprende desde su marco conceptual y a su ritmo de maduración y evolución. Sólo si somos capaces de comprender emocionalmente al estudiante y de suscitar su propio discurso provocando la curiosidad y el aprendizaje conseguiremos que la educación se convierta en el verdadero pilar de la evolución y cambio en las sociedad.

Quizás aún estemos a tiempo de generar el cambio que tanto buscaba Ortega en la educación. Sólo depende de donde situemos el centro de la educación. Parece sencillo, pero necesitamos nuevas generaciones y mucha más innovación en los centros educativos. Necesitamos un cambio de mentalidad sobre el papel de la educación en la sociedad.


Roberto Luna

Roberto Luna-Arocas

  Catedrático de la Universidad de Valencia. 

Roberto Luna-Arocas: Coach Profesional Senior AECOP CS-44. Presidente de AECOP Levante. Profesor del Departamento de Dirección de Empresas, Facultad de Economía de la Universidad de Valencia. Director del Master de Gestión del Talento de la UV. Director del grupo de investigación People No Limits. Miembro de la junta directiva de AEDIPE Comunidad Valenciana.

Autor del libro novela de management "El líder no nace...se hace. Viaje hacia el talento" (Ed. Obelisco, 2010) y coautor del libro "Recursos Humanos en el Turismo" (Pearson Prentice Hall, 2007). Proximamente publicará su nuevo libro "Despierta el talento" (Lid Editorial).

Ha trabajado en más de cien empresas en los distintos sectores en áreas de RRHH, gestión por Competencias, Gestión del Talento y Coaching. Tiene más de cincuenta publicaciones científicas la mayoría de ellas internacionales en revistas de impacto científico y es conferenciante habitual a nivel internacional. Profesor invitado en las Universidades de Oxford (UK) y Middle Tenessee State University (USA) así como profesor asiduo en universidades de Colombia, El Slavador, Chile y Costa Rica, entre otras.

 Actualmente imparte  más de cien conferencias y seminarios al año tanto para asociaciones profesionales como universidades y empresas. Ha trabajado tanto con PYMES como con multinacionales y asociaciones de prestigio nacional siendo un habitual artículista en la prensa y medios de la Comunidad Valenciana.

A nivel investigador es autor de 45 artículos en revistas científicas nacionales e internacionales entre las que destacan artículos en el British Management Journal, International Journal of Human Resource Management, Journal of Business Ethics, etc.