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Repetir o No Repetir Curso en Primaria

Ni padres ni profesores quisieran verse en la necesidad de que sus hijos o alumnos repitan curso en Educación Primaria, y mucho menos los propios alumnos. Pero, una especie de "mal menor inevitable" les hace aceptarlo sin estudiar los pros y los contras y las alternativas posibles.

Jaén | Septiembre 2011 | Pedro Molino | Tutor de la UP on-line


Causa o efecto de una cultura de la “impotencia educativa aprendida", la repetición de curso condiciona la alta tasa de fracaso y el abandono escolar posterior en muchos países. Pero no en aquellos que tienen los mejores índices de calidad educativa. ¿Dónde está la clave? ¿Es mejor repetir curso para que nuestros hijos se hagan más responsables de sus estudios o hay otras alternativas? ¿Es viable social y económicamente la repetición de curso? Veamos el problema desde distintas perspectivas.

Repetir curso © SerafinLos datos generales

“Repetir curso es contraproducente y muy caro” según el último estudio publicado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) en el que confirma que cuando existe un alto porcentaje de alumnos repetidores aumentan los malos resultados académicos posteriores y además es muy gravoso económicamente para el sistema educativo de un país.  Esta conclusión se ha obtenido analizando el informe PISA 2009 y observando este índice y su correlación con los países mejor y peor situados en el mismo. 

El porcentaje medio de alumnos repetidores en la OCDE en 2009 era del 13 %. Los datos más altos corresponden a Bélgica (34 %), Portugal o España (35%) y Luxemburgo o Francia (36%). Superando también el 30% países como Panamá, Argentina, Colombia, Uruguay, Brasil, Túnez y Macao.

En el extremo opuesto, no existe repetición en Japón, Corea del Sur o Noruega, países claramente desarrollados. Y éste es menor al 3% en países como Islandia, Eslovenia, Taiwán, Montenegro, Reino Unido o Finlandia. Esté último, el primer país en calidad educativa según el Informe PISA.

Según el informe, pues, repetir es fruto de la ineficacia académica para abordar los problemas de alumnos con dificultades de aprendizaje, que suelen coincidir –en términos generales– con chicos pertenecientes a grupos social y económicamente desfavorecidos.

Los costos económicos de la repetición son especialmente altos por la necesidad de financiar un año suplementario la formación de los alumnos repetidores y por retrasar su salida al mercado laboral, suponiendo ésta un 10% del gasto educativo en España, frente a un 2% en aquellos países donde se da menos este hecho. Se estima que el costo de un alumno repetidor en nuestro país es de 8.500 euros, frente a los menos de 1.400 en los países donde es menos frecuente la repetición de curso. Otros estudios cifran en 1.500 millones de euros el gasto público de la repetición anual en España.

Soluciones parciales e imperfectas

El estudio de la OCDE deduce que el problema se mantiene en los países donde los profesores aceptan con normalidad el tipo de sistemas educativos en los que se recurre más abundantemente a la repetición de curso, o se transfieren o segregan a los alumnos con dificultades de disciplina o de aprendizaje a otros centros educativos especiales. Lo que incide en que el problema en términos de resultados generales académicos del país siga siendo desfavorable. El problema se ha desplazado de lugar, o de tiempo, pero no se ha resuelto. Y el efecto perdura, porque educativamente los profesores tienen menos incitación para ayudar a esos alumnos. ¿Están esos sistemas educativos centrados en un modelo rígido, con una didáctica pasiva, transmisiva y segregadora? ¿Es posible concebir un sistema educativo más flexible y centrado en las necesidades, capacidades y potencialidades de cada alumno para ayudarle a progresar desde el nivel en que se encuentre? ¿Y si el alumno se niega a aprender? Vayamos por partes.

Lo que puede ser un problema en Educación Primaria se complica en Educación Secundaria. Según el Ministerio de Educación, en el curso 2007-08, un 42 por ciento de alumnos repitió curso antes de finalizar la ESO. Según este porcentaje, fueron unos 340.000 alumnos los que trataron de superar de nuevo el año escolar, con una mayor incidencia en el género masculino y en los colegios públicos.

Cómo hemos visto, en términos generales, repetir curso no es una medida eficaz para mejorar el rendimiento académico de los alumnos ni el nivel educativo de una nación, aunque sea una práctica bastante común en más de la mitad de los países estudiados.

repetir en primariaPero la polémica se mantiene a favor y en contra de la repetición de curso. Las personas que están en contra argumentan que, en general, los alumnos repetidores pierden un año; adquieren un concepto de sí mismos más bajo y menos favorable hacia la escuela; se separan de sus amigos y de su grupo natural de edad, pudiendo tener problemas de adaptación en la nueva clase; los docentes al infravalorar al repetidor y proyectar sus bajas expectativas sobre estos alumnos condicionan los resultados finales; y, aún en el supuesto de que los repetidores mejoren sus resultados el curso que repiten, éstos suelen bajar dos años después.

A favor de repetir curso se viene argumentando que puede ser una llamada de atención y una ayuda para que el alumno sea más responsable de sus propios estudios; también puede ayudarle a alcanzar mayor madurez y mejores destrezas para evitar el fracaso escolar posterior; y evita la mayor desconexión en el aprendizaje en de los niveles educativos más altos, en el supuesto de que el alumno hubiese promocionado automáticamente. 

Según un informe del Instituto Vasco de Evaluación e Investigación Educativa (IVEIE), los estudiantes atribuyen la responsabilidad al propio repetidor y citan entre otros motivos: “la falta de esfuerzo, de motivación e interés”, y en menor grado, “la carencia de conocimientos de cursos anteriores”. Los profesores coinciden en estos motivos pero añaden “la falta de apoyo familiar”. Según otros estudios de expertos y, en opinión de algunos padres con formación cualificada, “muchos profesores no adaptan las enseñanzas al nivel del estudiante”, manteniendo una manera de enseñar pasiva, grupal y poco personalizada.

Es evidente que la repetición, sin otras medidas complementarias, sitúa al repetidor en un escenario académico parecido al que vivió en el curso en el que fracasó, agravado por los problemas emocionales de adaptación al nuevo grupo. Por tanto, según todos los expertos, para que la repetición tenga un efecto positivo es necesario que el estudiante reciba medidas adicionales que le ayuden a superar las dificultades concretas de aprendizaje a través de un Plan de Apoyo Individualizado. Si por el contrario, el alumno con un bajo rendimiento promociona automáticamente, sería preciso también un Plan de Medidas Complementarias, un tiempo especial con un profesorado de apoyo que le dé refuerzo en las materias no superadas, o la creación de grupos flexibles con programas adaptados y planes de seguimiento personalizado. Lo que implica que el centro educativo adopte innovaciones en organización y en metodologías más activas, con una evaluación continuada.

En suma y esta es nuestra propuesta, si es mucho más costoso y perjudicial repetir que no repetir un curso, y en ambos casos –para poder ayudar a los alumnos con dificultades de aprendizaje– necesitamos un Plan de Apoyo, es mucho mejor llevarlo a cabo en el curso correspondiente a la edad del alumno, sin necesidad de que repita. Esta es, precisamente, la gran diferencia y el valor añadido que aportan los sistemas educativos centrados en el alumno, como el de Finlandia. Porque, desde los primeros cursos previenen las dificultades y actúan reforzando la acción didáctica del profesorado con medios y medidas para evitar -en todo lo posible- que el alumno fracase y repita curso. Y, esto, en mayor medida en la Educación Primaria, pues, cuanto antes actuamos mayor serán los resultados positivos posteriores.

El sistema educativo de estos países da una respuesta más eficiente al fracaso escolar y a la crítica planteada por los alumnos de la Escuela de Barbiana, cuando escribieron que al “expulsar” generalmente a los alumnos más necesitados de educación de las aulas, “la escuela parece un hospital que cura a los sanos y rechaza a los enfermos”.

La perspectiva legal, individual y familiar

Visto el problema en términos singulares son muchos los casos en que un alumno –por sus circunstancias concretas, por su actitud y por decisión familiar o docente–, puede verse abocado a repetir. En este caso es bueno saber que la Ley Orgánica de Educación (LOE), marca las condiciones mínimas que deben cumplir  los alumnos para promocionar curso o para repetirlo. En Educación Primaria, sólo se podrá repetir a final de ciclo en 2º, 4º o 6º, y sólo un año, por decisión del equipo docente teniendo en cuenta el informe y la última palabra, que serían responsabilidad del tutor, quien –además– debe acompañarlo de un plan específico de refuerzo o recuperación. En la ESO, puede repetir dos veces dentro de esa etapa, pero una sola vez por curso, excepto en 4º que se puede cursar por tercera vez, si no se ha repetido nunca. También, en esta etapa, se recomienda un plan personalizado. La información a los padres es obligada, pero no es preciso su conformidad según la ley en todas las comunidades autónomas. Lo más aconsejable es pensar qué es lo mejor para el niño y tomar una decisión consensuada entre padres y docentes, sin fisuras, y plantearlo no como un castigo sino como un reto a superar.

Todos los datos nos indican que repetir por repetir no es la solución, y que –aunque sea admisible en algunos casos concretos- es siempre una solución sólo paliativa, demasiado extendida por una creencia social arraigada que debemos invertir preventivamente desde todos los frentes: familiares, educativos y sociales.

Para ello, debemos elevar las expectativas positivas de las padres sobre el futuro de sus hijos y el apoyo educativo dentro de la familia (educando su curiosidad, su voluntad por aprender y la responsabilidad de hacerlo) porque todo esto condiciona los resultados escolares a mejor. Así mismo, las expectativas del profesorado que trabaja en equipo y cree en sus alumnos para superarse y pone los mejores medios didácticos y personales para alcanzarlo, elevan los resultados escolares. La autonomía de los centros, la cooperación con la familia y el entorno son también factores que aumentan la calidad de la enseñanza. Por último, una sociedad cultural y educativamente responsable, que colabora con inteligencia compartida por elevar los niveles de instrucción y la formación en valores, con una visión estratégica e integradora de la Educación, recogerá los mejores beneficios del conocimiento y de la ética para todos.